Psicología positiva

Psicología positiva: esa disciplina que nutre el programa de Jóvenes Fuertes


La Psicología Positiva es una corriente en auge en todo el mundo y con extraordinarias posibilidades para renovar la práctica educativa desde unos sólidos fundamentos científicos.

Ciertamente, durante muchos años la psicología se ha centrado exclusivamente en el estudio de la patología y la debilidad del ser humano, llegando a identificar y casi confundir psicología con psicopatología y psicoterapia.

Este fenómeno ha dado lugar a un marco teórico de carácter patogénico que ha sesgado ampliamente el estudio de la mente humana. Así, la focalización exclusiva en lo negativo que ha dominado la psicología durante tanto tiempo, ha llevado a asumir un modelo de la existencia humana que ha olvidado e incluso negado las características positivas del ser humano (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) y que ha contribuido a adoptar una visión pesimista de la naturaleza humana (Gilham y Seligman, 1999). De esta manera, características como la alegría, el optimismo, la creatividad, el humor, la ilusión… han sido ignoradas o explicadas superficialmente.

Las limitaciones de esta focalización en lo negativo han comenzado a ser puestas en evidencia en los últimos años y en diferentes trastornos.

Uno de los propósitos de la Psicología Positiva consiste en sentar las bases de una ciencia de la felicidad. De ahí que sus aportaciones puedan favorecer el objetivo esencial de todo educador: capacitar a los niños y jóvenes para desplegar al máximo sus aspectos positivos –sus fortalezas personales– y potenciar su bienestar presente y futuro.

La Psicología Positiva, al basarse en el fomento de los aspectos positivos del ser humano, puede contribuir muy notablemente a una educación integral del alumnado, que permita equilibrar la adquisición de conocimientos con el cultivo de destrezas y actitudes, para ayudarle a desarrollarse personal y socialmente, potenciando su bienestar presente y futuro.

La investigación sobre los rasgos de la personalidad, que ha dado lugar a una elaborada teoría en torno a las “fortalezas personales”. Desde los comienzos de la andadura de la Psicología Positiva, un equipo de investigadores liderados por Martin Seligman y Christopher Peterson, se encuentra elaborando y validando un modelo descriptivo de la personalidad basado en las fortalezas personales, entendidas como rasgos positivos universales, comunes a la mayoría de las sociedades y culturas, medibles y educables. Este modelo puede integrarse perfectamente dentro de lo que, en el sistema educativo actual, se denomina “Competencia de autonomía e iniciativa personal”, “Competencia social y ciudadana”, y “Competencia para aprender a aprender” puesto que las 24 fortalezas personales que integran el modelo encajan perfectamente en dichas competencias y pueden considerarse como un desglose operativo de ellas, con el aval de tener una excelente fundamentación en una sólida línea de investigación como la que venimos comentando.

 

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