Tal Ben-Shahar visita Uruguay (Columna en Radio Oriental 770 AM)

(Texto correspondiente a la audición del martes 9 de octubre de 2018 en Radio Oriental, 770 AM)

Alejandro Sciarra Marguery

Esta semana llegará, como parte de la gira organizada por una empresa que opera en nuestro país, el psicólogo, filósofo y doctor en comportamiento organizacional, egresado de Harvard, Tal Ben Shahar.

Fue profesor de Psicología Positiva en Harvard, y en este respecto es que estará disertando en Montevideo el próximo viernes. Dado que la psicología positiva es actualmente mi propio campo, y que me encuentro cursando una maestría en España en dicho ámbito, me resulta extremadamente motivante la presencia de un exponente de su talla en Uruguay, y no quería dejar de recomendar escuchar su conferencia, que al parecer irá en streaming y con acceso gratuito.

Se preguntarán muchos de qué va la psicología positiva. El padre de esta rama, el Dr. Martin Seligman, director de dicho departamento en la Universidad de Pensilvania, expresó en alguna oportunidad que se trata de la ciencia que estudia por qué la vida merece ser vivida. Su socio y amigo, Chris Peterson, la definía como el estudio científico del funcionamiento óptimo del ser humano.

Vale aclarar algo antes de profundizar. A pesar de que las editoriales han forzado títulos rimbombantes y de venta masiva que han llevado a varios de estos genios de la ciencia del comportamiento humano a los estantes de autoayuda, donde he encontrado por ejemplo a Seligman en “La Casa del Libro” en Madrid, se trata de análisis científico en estado puro. No existe en el ámbito de la psicología positiva una intervención o postulado que no esté respaldado por la experiencia científica con resultados medibles. Quizá el error fue llamarla “positiva”, palabra manoseada si las habrá. Pero no se me ocurre otra forma de decirle a una ciencia que puja por darnos las herramientas para aumentar nuestro propio bienestar, sea cual sea la situación en que nos encontremos.

En un curso online que brinda la Universidad de Pensilvania, el Dr. Seligman pregunta a su auditorio. “¿Qué es lo que más quieren para sus hijos?” Entonces los alumnos empiezan a decir: “Que sean buenos ciudadanos, humildes, honestos, que sean justos, que tengan sentido del humor, etc.”. “Pasemos a la segunda pregunta”, dice Seligman. “¿Qué les enseñan a sus hijos en la escuela?” Y las respuestas son: “Historia, matemática, geografía, ciencias…” El profesor aclara que no se trata de quitar importancia a estas asignaturas y que de hecho son muy importantes, pero se pregunta, por qué se ignoran casi por completo las de la primera lista. Sobre todo, cuando el aprendizaje de aquellas, que en Psicología Positiva se denominan fortalezas del carácter, pueden entrenarse, desarrollarse y repercuten directamente en un mejor rendimiento sobre las asignaturas de la segunda lista. Seligman y Peterson elaboraron una lista de veinticuatro fortalezas del carácter que trascienden naciones y culturas, que todos tenemos en mayor o menor medida y según nuestra personalidad.

¿Cómo podemos hacer para que nuestros niños, jóvenes e incluso los adultos, sean mejores ciudadanos, sean más justos, más agradecidos o mejoren su autocontrol, sean más honestos, más curiosos, más creativos? ¿Serían, en caso de aprender todo esto, más felices?

Esas fortalezas, según Seligman, son la columna vertebral de su teoría sobre la felicidad, o debemos decir mejor, sobre el bienestar.

Los titulares de los diarios locales anuncian en estos días la llegada de Tal Ben-Shahar como un gurú de la felicidad. Ahí va de nuevo, una palabra tan toqueteada y a la que se han adjudicado tantas definiciones y confusiones.

Hasta hace algunos años, el mismo Seligman sostenía que el núcleo de la psicología positiva era el estudio de la felicidad, que se medía en base a la satisfacción con la vida y que el objeto de la psicología positiva era aumentarla.

Pero años más tarde, en uno de sus últimos libros publicado en 2011, anuncia que dejará de hablar de la teoría de la felicidad para empezar a hablar de la teoría del bienestar. Que la satisfacción con la vida ya no es la medida sino que el bienestar se medirá según nuestro crecimiento personal, el cual depende de varios factores que trascienden nuestra felicidad.

¿Cuáles son? ¿De qué factores depende nuestro crecimiento personal? En primer término, de las emociones positivas, de la vida placentera, del hedonismo no como doctrina moral para la vida, sino como el deseo de vivir eventos que nos provoquen satisfacción. En definitiva, nada malo hay en ello. Todo lo contrario, las emociones positivas hacen que nuestro cerebro libere dopamina, que es la responsable de hacernos sentir bien con nosotros mismos. Las emociones positivas nos permiten procesar mejor la información que nos brinda el entorno, mejoran nuestro rendimiento cognitivo, nos dan mayor amplitud de atención, transforman nuestras relaciones sociales, y contribuyen a nuestra creatividad en la resolución de problemas.

Por otra parte, el crecimiento personal también depende de la entrega. Ese momento en que una persona pone todas sus habilidades, fortalezas, y atención, para una tarea determinada. Csikszentmihalyi llamó a este estado, “flow”, o en español, flujo. Ese momento, en que perdemos la noción del tiempo absortos en una tarea, contribuye a nuestro bienestar.

El tercer elemento son las relaciones. Las redes que tejemos pueden darnos un propósito y un significado de vida. Las alegrías compartidas se multiplican y las penas compartidas pesan menos, dicen por ahí. Las relaciones fuertes y duraderas son fundamentales para nuestro desarrollo y adaptación, y nuestra capacidad de amar y de sentir compasión hacen que conectarnos y servir a otros sean elementos clave de nuestra supervivencia.

Otro elemento es el sentido, o más bien, el propósito. Ese sentirnos parte de algo más grande e importante que nosotros mismos. Una causa política, social, religiosa, nuestra familia, nuestra investigación periodística, nuestro trabajo. El propósito suele buscarse más por su valor intrínseco y no tanto por los beneficios que pueda reportar, y además, es independiente de los logros.

Y por último, nuestros logros. Que en definitiva, es lo que todos perseguimos. Un escritor, querrá un best seller, el médico querrá salvar una vida, el sacerdote querrá salvar un alma y el abogado a su cliente. Todos queremos el logro, incluso cuando de este logro, no se obtenga una emoción positiva, porque suelen buscarse por su valor intrínseco.

Estos son los cinco elementos que componen nuestro bienestar y que determinan nuestro crecimiento como personas. Se trata de variables independientes que miden nuestra satisfacción con la vida y nuestro bienestar emocional y que tienen como columna vertebral, las fortalezas del carácter de las que hablaba al principio. Cuando tenemos claras cuáles son nuestras fortalezas y logramos el funcionamiento optimo de las mismas, entonces lograremos vivir más emociones positivas, tendremos mejores relaciones interpersonales, estaremos más comprometidos, encontraremos nuestro propósito y obtendremos nuestros logros.

En definitiva, todo esto para recomendar escuchar a los que más saben. Tal Ben-Shahar, aunque el prejuicio de un nombre se imponga, no es un gurú de la felicidad. Es un científico al que le caben años de estudio y experimentación, y del que vale la pena aprender.

Que tengan una muy buena semana.